¿Qué es un escritor sin poesía? La más vieja de las artes verbales está minusválida, producto de una sociedad moderna e industrializada que desprecia la vejez. Una lectura guiada por el misterioso lenguaje de la musicalidad poética no puede competir contra la prosa, que puedo leerla sin mover mis labios para emitir sonidos sordos sin perder el objetivo, que puedo cortarla y retomarla en el ómnibus. Pero, no es esa la causa. No escribo poesía porque no me inculcaron poesía. Si bien las escuelas son fábricas de reservas obreras, nos llenan un poco el corazón con amagues culturales que a muy pocos nos entra. Pero es obvio que el sistema educativo está hecho para que la gente se aburra. Los profesores ponen su cuota al haber elegido una carrera por descarte y salida laboral de baja paga pero con grandes vacantes; porque es cierto que los profesores son algo frustrado en su gran mayoría y que crean mentes frustradas como si fuesen militares de alto rango vengándose de quienes fueron sus superiores, ¡oh cadena de violencia!. Todo lo absurdo se convierte en una droga que llena el cerebro y se esfuma como espuma artificial mientras que es motivo de burla lo que requiere virtuosismo. No me quejo de los demás, ellos hacen lo que quieren; pero me quejo de mí por seguir su ritmo y buscar aceptación.
Pero los seguidores de lo bueno viejo siempre se han considerado una élite, y eso es algo que no me parece correcto. Y como verás, ni siquiera mi creación es producto de mi imaginación: una sociedad de poetas muertos, el club de la lucha. Aquí es cuando tu mente innovadora, François, entra en el juego. Todo lo humano que es antiguo entra en desuso pero al mismo tiempo no; el matrimonio ya no existe pero, si te fijas bien, solo ha cambiado el nombre de fachada y un poco el estilo y sigo pensando que concubinato es lo mismo pero evitándonos el papeleo legal, tan molesto en nuestros días de desconfianza. Tú, François, eres esa persona que empieza a cambiarle el nombre a la poesía. ¿Cómo la llamarás ahora, pequeño maestro? Mi trabajo en este mundo ha terminado con tu llegada.
Denis Schröeder terminó su discurso. Me dio una llave, era la del viejo galpón de su casa donde estábamos parados. Allí; Mandela, Lucca y Markus fueron testigos de sus últimas palabras. Se fue y entró a su casa. Allí nunca más volvió a encenderse una luz. Esa madrugada la pasé en Eiffel, mirando la ciudad, pensando en su discurso. La poesía comenzó con la vida de la cultura humana y él terminó la suya hablando de poesía. La poesía también puede ser algo terminal en este mundo. Ese fue mi primer contacto con la muerte; sin ser verdugo podía llevar a la paz. Acepté formar parte del Club de la Poesía, aunque este acabaría con todos sus miembros.
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